Análisis de obra Literaria I
Asignatura:
Análisis de obra Literaria I.
Facilitadora:
Licda: Yaniris Peguero.
Sustentante:
Esther Noemi Abreu Bart.
Matrícula:
18-epdt-2-005.
Tema:
Blog con lo mejor de la asignatura.
Análisis de obra literaria I.
Este trabajo que a continuación le estaré presentando es una recopilación de lo mas relevante de la asignatura Análisis de Obra Literaria I, donde trabajamos con una excelente maestra que hizo de cada encuentro un verdadero escenario de una obra de teatro.
1-Análisis Temático Obra Luis Pie.
LUIS PIE Juan Bosch (República Dominicana, 1946) A ESO DE las siete la fiebre aturdía al haitiano Luis Pie. Además de que sentía la pierna endurecida, golpes internos le sacudían la ingle. Medio ciego por el dolor de cabeza y la debilidad, Luis Pie se sentó en el suelo, sobre las secas hojas de la caña, rayó un fósforo y trató de ver la herida. Allí estaba, en el dedo grueso de su pie derecho. Se trataba de una herida que no alcanzaba la pulgada, pero estaba llena de lodo. Se había cortado el dedo la tarde anterior, al pisar un pedazo de hierro viejo mientras tumbaba caña en la colonia Josefita.
Un golpe de aire apagó el fósforo, y el haitiano encendió otro. Quería estar seguro de que el mal le había entrado por la herida y no que se debía a obra de algún desconocido que deseaba hacerle daño. Escudriñó la pequeña cortada, con sus ojos cargados por la fiebre, y no supo qué responderse; después quiso levantarse y andar, pero el dolor había aumentado a tal grado que no podía mover la pierna.
Esto ocurría el sábado, al iniciarse la noche. Luis Pie pegó la frente al suelo, buscando el fresco de la tierra, y cuando la alzó de nuevo le pareció que había transcurrido mucho tiempo. Hubiera querido quedarse allí descansando; mas de pronto el instinto le hizo salir ja cabeza. —Ah... Pití Mishe ta eperan a mué —dijo con amargura Necesariamente debía salir al camino, donde tal vez alguien le ayudaría a seguir hacia el batey; podría pasar una carreta o un peón montado que fuera a la fiesta de esa noche.
Arrastrándose a duras penas, a veces pegando el pecho a la tierra, Luis Pie emprendió el camino. Pero de pronto alzó la cabeza: hacia su espalda sonaba algo como un auto. El haitiano meditó un minuto. Su rostro brillante y sus ojos inteligentes se mostraban angustiados. ¿Habría perdido el rumbo debido al dolor o la oscuridad lo confundía? Temía no llegar al camino en toda la noche, y en ese caso los tres hijitos le esperarían junto a la hoguera que Miguel, el mayor, encendía de noche para que el padre pudiera prepararles con rapidez harina de maíz o les salcochara plátanos, a su retorno del trabajo. Si él se perdía, los niños le esperarían hasta que el sueño los aturdiera y se quedarían dormidos allí, junto a la hoguera consumida.
Luis Pie sentía a menudo un miedo terrible de que sus hijos no comieran o de que Miguel, que era enfermizo, se le muriera un día, como se le murió la mujer. Para que no les faltara comida Luis Pie cargó con ellos desde Haití, caminando sin cesar, primero a través de las lomas, en el cruce de la frontera dominicana, luego a lo largo de todo el Cibao, después recorriendo las soleadas carreteras del Este, hasta verse en la región de los centrales de azúcar
. —¡Bonyé! —gimió Luis Pie con la frente sobre el brazo y la pierna sacudida por temblores—, pití Mishé va a ta eperán to la noche a son per.
Y entonces sintió ganas de llorar, a lo que se negó porque temía entregarse a la debilidad. Lo que debía hacer era buscar el rumbo y avanzar. Cuando volvió a levantar la cabeza ya no se oía el ruido del 1 motor.
—No, no ta sien palla; ta sien paca —afirmó resuelto. Y siguió arrastrándose, andando a veces a gatas. Pero sí había pasado a distancia un motor.
Luis Pie llegó de su tierra meses antes y se puso a trabajar, primero en la Colonia Carolina, después en la Josefita; e ignoraba que detrás estaba otra colonia, la Gloria, con su trocha medio kilómetro más lejos, y que don Valentín Quintero, el dueño de la Gloria, tenía un viejo Ford en el cual iba al batey a emborracharse y a pegarles a las mujeres que llegaban hasta allí, por la zafra, en busca de unos pesos. Don Valentín acababa de pasar por aquella trocha en su estrepitoso Ford; y como iba muy alegre, pensando en la fiesta de esa noche, no tomó en cuenta, cuando encendió el tabaco, que el auto pasaba junto al cañaveral. Golpeando en la espalda al chofer, don Valentín dijo:
—Esa Lucía es una sinvergüenza, sí señor, ¡pero qué hembra! Y en ese momento lanzó el fósforo, que cayó encendido entre las cañas. Disparando ruidosamente el Ford se perdió en dirección del batey para llegar allá antes de que Luis Pie hubiera avanzado trescientos metros.
Tal vez esa distancia había logrado arrastrarse el haitiano. Trataba de llegar a la orilla del corte de la caña, porque sabía que el corte empieza siempre junto a una trocha; iba con la esperanza de salir a la trocha cuando notó el resplandor. Al principio no comprendió; jamás había visto él un incendio en el cañaveral. Pero de pronto oyó chasquidos y una llamarada gigantesca se levantó inesperadamente hacia el cielo, iluminando el lugar con un tono rojizo. Luis Pie se quedó inmóvil del asombro. Se puso de rodillas y se preguntaba qué era aquello. Mas el fuego se extendía con demasiada rapidez para que Luis Pie no supiera de qué se trataba. Echándose sobre las cañas, como si tuvieran vida, las llamas avanzaban ávidamente, envueltas en un humo negro que iba cubriendo todo el lugar; los tallos disparaban sin cesar y por momentos el fuego se producía en explosiones y ascendía a golpes hasta perderse en la altura. El haitiano temió que iba a quedar cercado. Quiso huir. Se levantó y pretendió correr a saltos sobre una sola pierna. Pero le pareció que nada podría salvarle.
—¡Bonyé, Bonyé! —empezó a aullar, fuera de sí; y luego, más alto aún:
—¡Bonyéeeee! Gritó de tal manera y llegó a tanto su terror, que por un instante perdió la voz y el conocimiento. Sin embargo, siguió moviéndose, tratando de escapar, pero sin saber en verdad qué hacía. Quienquiera que fuera, el enemigo que le había echado el mal se valió de fuerzas poderosas. Luis Pie lo reconoció así y se preparó a lo peor.
Pegado a la tierra, con sus ojos desorbitados por el pavor, veía crecer el fuego cuando le pareció o ir tropel de caballos, voces de mando y tiros. Rápidamente levantó la cabeza. La esperanza le embriagó.
—¡Bonyé, Bonyé —clamó casi llorando—, ayuda a mué, gran Bonyé; tú salva a mué de murí quemá!
¡Iba a salvarlo el buen Dios de los desgraciados! Su instinto le hizo agudizar todos los sentidos. Aplicó el oído para saber en qué 2 dirección estaban sus presuntos salvadores; buscó con los ojos la presencia de esos dominicanos generosos que iban a sacarlo del infierno de llamas en que se hallaba. Dando la mayor amplitud posible a su voz, gritó estentóreamente:
—¡Dominiquén bon, aquí ta mué, Luí Pie! ¡Salva a mué, dominiquén bon!
Entonces oyó que alguien vociferaba desde el otro lado del cañaveral. La voz decía:
—¡Por aquí, por aquí! ¡Corran, que está cogió! ¡Corran, que se puede ir!
Olvidándose de su fiebre y de su pierna, Luis Pie se incorporó y corrió. Iba cojeando, dando saltos, hasta que tropezó y cayó de bruces. Volvió a pararse al tiempo que miraba hacia el cielo y mascullaba:
—Oh Bonyé, gran Bonyé que ta ayudan a mué... En ese mismo instante la alegría le cortó el habla, pues a su frente, irrumpiendo por entre las cañas, acababa de aparecer un hombre a caballo, un salvador.
—¡Aquí está, corran! —demandó el hombre dirigiéndose a los que le seguían.
Inmediatamente aparecieron diez o doce, muchos de ellos a pie y la mayoría armada de mochas. Todos gritaban insultos y se lanzaban sobre Luis Pie.
—¡Hay que matarlo ahí mismo, y que se achicharre con la candela ese maldito haitiano! —se oyó vociferar.
Puesto de rodillas, Luis Pie, que apenas entendía el idioma, rogaba enternecido:
—¡Ah dominiquén bon, salva a mué, salva a mué pa lleva manyé a mon pití!
Una mocha cayó de plano en su cabeza, y el acero resonó largamente.
—¿Qué ta pasan? —preguntó Luis Pie lleno de miedo.
—¡No, no! —ordenaba alguien que corría—. ¡Dénles golpes, pero no lo maten! ¡Hay que dejarlo vivo para que diga quiénes son sus cómplices! ¡Le han pegado fuego también a la Gloria!
El que así gritaba era don Valentín Quintero, y él fue el primero en dar el ejemplo. Le pegó al haitiano en la nariz, haciendo saltar la sangre. Después siguieron otros, mientras Luis Pie, gimiendo, alzaba los brazos y pedía perdón por un daño que no había hecho.
Le encontraron en los bolsillos una caja con cuatro o cinco fósforos.
—¡Canalla, bandolero; confiesa que prendiste candela!
—Uí, uí —afirmaba él haitiano. Pero como no sabía explicarse en español no podía decir que había encendido dos fósforos para verse la herida y qué el viento los había apagado.
¿Qué había ocurrido? Luis Pié no lo comprendía. Su poderoso enemigo acabaría con él; le había echado encima a todos los terribles dioses de Haití, ¡y Luis Pie, que temía a esas fuerzas ocultas, no iba a luchar contra ellas porque sabía que era inútil!
—¡Levántate, perro! —ordenó un soldado.
Con gran asombro suyo, el haitiano se sintió capaz de levantarse. La primera arremetida de la infección había pasado, pero él lo ignoraba. Todavía cojeaba bastante cuando dos soldados lo echaron por delante y lo sacaron al camino; después, a golpes y empujones, debió seguir sin detenerse, aunque a veces le era 3 4 imposible sufrir el dolor en la ingle.
Tardó una hora en llegar al batey, donde la gente se agolpó para verlo pasar. Iba echando sangre por la cabeza, con la ropa desgarrada y una pierna a rastras. Se le veía qué no podía ya más, que estaba exhausto y a punto de caer desfallecido.
El grupo se acercaba a un miserable bohío de yaguas paradas, en el que apenas cabía un hombre y en cuya puerta, destacados por una hoguera que iluminaba adentro la vivienda, estaban tres niños desnudos que contemplaban la escena sin moverse y sin decir una palabra.
Aunque la luz era escasa todo el mundo vio a Luis Pie cuando su rostro pasó de aquella impresión de vencido a la de atención; todo el mundo vio el resplandor del interés en sus ojos. Era tal el momento que nadie habló. Y de pronto la voz de Luis Pie, una voz llena de angustia y de ternura, se alzó en medio del silencio, diciendo:
—¡Pití Mishé, mon pití Mishé! ¿Tú no ta enferme, mon pití? ¿Tú ta bien?
El mayor de los niños, que tendría seis años y que presenciaba la escena llorando amargamente, dijo entre llanto, sin mover un músculo, hablando bien alto:
—¡Sí, per; yo ta bien; to nosotro ta bien, mon per! Y se quedó inmóvil, mientras las lágrimas le corrían por las mejillas.
Luis Pie, asombrado de que sus hijos no se hallaran bajo el poder de las tenebrosas fuerzas que le perseguían, no pudo contener sus palabras.
—¡Oh Bonyé, tú sé gran! —clamó volviendo al cielo una honda mirada de gratitud.
Después abatió la cabeza, pegó la barbilla al pecho para que no lo vieran llorar, y empezó a caminar de nuevo, arrastrando su pierna enferma. La gente que se agrupaba alrededor de Luis Pie era mucha y pareció dudar entre seguirlo o detenerse para ver a los niños; pero como no tardó en comprender que el espectáculo que ofrecía Luis Pie era más atrayente, decidió ir tras él. Sólo una muchacha negra de acaso doce años se demoró frente a la casucha. Pareció que iba a dirigirse hacia los niños; pero al fin echó a correr tras la turba, que iba doblando una esquina. Luis Pie había vuelto el rostro, sin duda para ver una vez más a sus hijos, y uno de los soldados pareció llenarse de ira.
—¡Ya ta bueno de hablar con la familia! —rugía el soldado. La muchacha llegó al grupo justamente cuando el militar levantaba el puño para pegarle a Luis Pie, y como estaba asustada cerró los ojos para no ver la escena. Durante un segundo esperó el ruido.
Pero el chasquido del golpe no llegó a sonar. Pues, aunque deseaba pegar, el soldado se contuvo. Tenía la mano demasiado adolorida por el uso que le había dado esa noche, y, además, comprendió que por duro que le pegara Luis Pie no se daría cuenta de ello.
No podía darse cuenta, porque iba caminando como un borracho, mirando hacia el cielo y hasta ligeramente sonreído.
Análisis temático estructural cuento Luís Pie.
La Historia.
Cuento escrito por Juan Bosch, famoso Cuentista, ensayista, novelista, narrador, historiador, educador y político dominicano.
En este cuento el narrador omnisciente narra la triste historia de un haitiano que vive junto a sus tres hijos en un batey llamado Colonia Josefina al este del país, específicamente en los alrededores de un ingenio azucarero.
Los personajes o actantes encontrados en el cuento son;
Luis Pie (Sujeto): “a eso de las siete la fiebre aturdía al haitiano Luis Pie. Además de que sentí la pierna endurecida, golpes internos le sacudían la ingle.”
Don Valentín Quintero (Oponente): y que don Valentín Quintero el dueño de La Gloria, tenía un viejo Ford en el cual iba al batey a emborracharse y a pegarles a las mujeres que llegaban hasta allí por la zafra, en busca de unos pesos.
Los tres Hijos (Destinatario): “temía no llegar al camino, y en ese caso los tres hijitos le esperarían junto a la hoguera que Miguel, el mayor, encendía de noche para que el padre pudiera prepararle con rapidez harina de maíz o les salcochara plátanos, a su retorno del trabajo.”
La muchacha (Ayudante): Solo una muchacha negra de acaso doce años se demoró frente a la casucha. Pareció que iba a dirigirse hacia los niños; pero al fin echó a correr hacia la turba, que iba doblando una esquina.”
Este cuento se desarrolla de forma lineal.
Este cuento trata de la historia de un haitiano, cortador de caña, llamado Luis Pie. Él se había herido en un pie y se dirigía a su casa, tras terminar su jornada. Vivía con sus hijos, a quienes había traído de Haití. Ya era de noche, y encendió un fósforo para poder ver la herida en el dedo de su pie. Casi no podía caminar. Tenía una infección y hasta sentía fiebre. En el momento en que se encontraba examinando su herida, pasó a gran velocidad, el dueño de otra finca en un vehículo quien encendió un tabaco y arrojó el fósforo sobre las cañas secas, justo al lado de donde se encontraba Luis Pié.
El cañaveral se encendió y Luis Pié casi murió calcinado por las llamas. Logró huir de las llamas cojeando e implorando a Bonyé, o Buen Dios, como él le llamaba. Luego de escapar del peligro, había unos militares dominicanos esperándolo, los cuales lo vieron con los fósforos en mano. Ellos lo acusaron injustamente de ser el culpable de encender el cañaveral. Ellos procedieron a insultarlo, a capturarlo y a golpearlo brutalmente. Quisieron matarlo. Decidieron no matarlo para averiguar si tenía más cómplices. Ellos lo siguieron hasta el batey donde Luis Pié vivía. Al llegar a su casa, Luis Pié se alegró de que sus hijos estuvieran bien. Los guardias continuaron propinándole fuertes palizas, a pesar de que ya él no sentía los golpes, porque caminaba y se sentía como borracho.
Narrador:
El narrador es omnisciente en tercera persona heterodiegético, es el encargado de narrar de una forma detallada todo el cuento. Tiene una estructura de un cuento inicio, desarrollo y desenlace. La focalización es cero el narrador está al tanto de todo lo ocurrido en el cuento.
Focalización:
Es la ausencia de focalización. En este caso no hay restricciones para el narrador, quien posee toda la información. Conoce los pensamientos de los personajes (puede introducirse en sus mentes) y todos los acontecimientos de la historia. Este tipo de focalización es la que corresponde al narrador conocido como narrador omnisciente. Utiliza la tercera persona narrativa.
Análisis de la microestructura.
Este cuento, contrastando con la realidad de todos los inmigrantes, quiere mostrar la realidad de desigualdad e injusticia en la que viven los haitianos en la República Dominicana. Muchos de ellos, como Luis Pie, han sido víctimas de las circunstancias, al encontrarse en el lugar equivocado en el momento equivocado.
Conclusión
El relato de Luis Pié presenta la realidad marginal de los inmigrantes, que estando lejos de su tierra, sin una buena apropiación del lenguaje y con sus creencias culturales, luchan para sobrevivir en una sociedad racista que no valora su trabajo. Por otro lado, el haitiano Luis Pié representa al padre abnegado que busca el bienestar de sus hijos antes que la pronta recuperación de su salud, pues al final del relato, aun apaleado y mal herido, sonríe por haber encontrado a sus hijos con bien.
2-Análisis de la Obra:
Biografía del Autor:
Ciro Alegría Bazán, más conocido como Ciro Alegría (Sartimbamba, La Libertad, 4 de noviembre de 1909 Chaclacayo, Lima, 17 de febrero de 1967) fue un escritor, político y periodista peruano. Es uno de los máximos representantes de la narrativa indigenista, marcada por la creciente conciencia sobre el problema de la opresión indígena y por el afán de dar a conocer esta situación, cuyas obras representativas son las llamadas “novelas de la tierra”. En ese sentido es autor de las siguientes novelas: La serpiente de oro (1935), Los perros hambrientos (1939) y El mundo es ancho y ajeno (1941), su obra cumbre y una de las novelas más notables de la literatura hispanoamericana, con numerosas ediciones y traducida a muchos idiomas.
Época en fue escrito. Los hechos se desarrollan entre 1910-1920.
Movimiento Literario: Novela
Género al que pertenece: Narrativo
Tema central. La lucha y la convivencia del hombre frente a la naturaleza. Púes en esta obra hay constante lucha.
Esta novela se desarrolla a orillas del rio Marañón ubicado en Perú y al unirse con el rio Ucayali forman el rio Amazonas.
Tipo de Narrador: Tercera persona.
Estructura: Esta obra consta de 19 capítulos.
Personajes principales y secundario:
Personajes Principales.
La familia Romero. Asentada en el valle de Calemar y dedicada al transporte en balsa, la pesca fluvial, y el cultivo de frutales y otros productos agrícolas. Lo conforman:
El viejo Matías, el veterano jefe de familia, contador de historias.
Doña Melcha, la esposa de Matías, igualmente anciana, dedicada a las tareas del hogar.
Arturo Romero, hijo de Matías, es un joven que ya tiene su hogar propio, que el mismo construyó a pocos pasos de la casa de sus padres. Su esposa es la Lucinda y tiene un hijo todavía es un infante, el Adán.
Rogelio Romero, conocido familiarmente como el Roge, es el hermano menor de Arturo. Tiene 20 años y andaba cortejando a la Florinda. Es fuerte, hábil nadador y muy impulsivo. Morirá tras ser arrastrado por la corriente del río, en el peligroso paso de La Escalera.
Lucas Vilca, es un cholo de Calemar, vecino de los Romero. Tiene su platanar y su cocal, y vive solo, pues sus padres ya habían fallecido. Se enamora de Florinda a quien hará luego su esposa. Es uno de los narradores de la novela.
Osvaldo Martínez de Calderón, ingeniero limeño, alto, blanco y delgado, que llega de pasada a Calemar con planes de explorar la región y formar una empresa explotadora de sus recursos naturales.
Personajes secundarios
Juan Plaza, hacendado de Marcapata.
Lucinda, la esposa de Arturo,
Doña Dorotea, hospedera del pueblo de Sartín, ya viuda, madre de Lucinda y de un niño menor de edad.
Florinda, bella muchacha de Calemar, hija del cholo Pancho y pretendida por el Rogelio.
Doña Mariana Chiguala, viuda, ya madura pero aun atractiva, que vive en el fondo del valle de Calemar.
Hormecinda, una chinita o muchacha de 15 años, sobrina de doña Mariana.
Venancio Landauro, residente de Shicún, poblado situado aguas arriba del Marañón, amigo de los Romero.
Florencio Obando, el teniente gobernador de Calemar. Alabado por su prudente gobierno.
Silverio Cruz, cholo de Calemar, balsero y agricultor como todos. Perderá su chacra arrasada por el desmonte.
El Pablo, cholo de Calemar.
El Julián, cholo de Calemar que junto con el Pablo es contratado como ayudante por el ingeniero Osvaldo.
El Riero, apodo de Inacio Ramos, es un corrido o fugitivo de la justicia, que había sido amigo del padre de Lucas Vilca.
Don Policarpio Núñez, negociante de ganado, quien llega a Calemar solicitando a los balseros el traslado de sus reses al otro lado del río.
Propósito con que fue escrita la obra: La lucha y la convivencia del hombre frente a la naturaleza que ofrece bondades al hombre que vive intensamente. El amor, se da en la obra en diferentes modos, como el amor paternal de Don Matías a sus hijos quien se siente muy orgulloso de ellos o el amor filial entre Arturo y el Rogelio, así como otras muestras de amor ejemplo: del hombre hacia la naturaleza, etc.
Aporte crítico.
La novela es un relato sobre la vida cotidiana de los cholos balseros del caserío de Calemar, a orillas del río marañón, en la ceja de selva del norte del Perú. También se relata de forma paralela la aventura de un ingeniero limeño, Osvaldo Martínez de Calderón, quién se interna en la región selvática para crear una empresa explotadora de los recursos naturales, a la que planea bautizar con el nombre de “La serpiente de oro”, nombre que aludía a la forma serpiente del río y a sus riquezas auríferas.
Los calemarinos reverencian al río que es su fuente de trabajo y de alimento, pero a la vez le temen pues es la fuerza que eventualmente les puede arrebatar sus bienes y hasta la propia vida. Mientras tanto, el ingeniero, altanero y vanidoso, que ve con desdén a los cholos y cree que solo con su sapiencia citadina puede vencer a la naturaleza, muere tras ser picado por una serpiente amarilla, sin poder cristalizar su ambicioso proyecto. El relato, a través de diversas voces, continúa contándonos sobre la vida de los cholos balseros, los cuales trasmiten su oficio de generación en generación.
3-ENSAYO SOBRE LA IMPORTANCIA DEL TEXTO NARRATIVO EN EL CONTEXTO EDUCATIVO.
Una definición clara de un texto narrativo es la siguiente, un texto narrativo es un relato en el que se cuenta una historia real o ficticia que ocurre en un lugar y tiempo concretos.
En la vida cotidiana, la narración forma parte esencial de nuestra forma de comunicarnos, dado que se trata de una forma de contar una sucesión de hechos en la que un sujeto o grupo de personajes realiza una serie de acciones que tienen un desenlace.
En el contexto educativo el texto narrativo es sumamente relevante porque desde que un niño inicia la vida escolar, inicia también su relación directa con los textos narrativo, esto se refleja con la lectura parte esencial de las competencias específicas de lengua española que están plasmadas en nuestro currículo por competencia.
Con los textos narrativos el niño va descubriendo ese mundo mágico que encierran los libros de cuento, poesía, leyenda, mito, novela, reportaje, crónicas, noticias que ve y escucha a diario en su casa o medio que lo rodea.
En el área de Comunicación de los estudiantes, propicia una actitud positiva hacia el área no sólo por el deleite y el disfrute que inducen, sino para desarrollar habilidades intelectuales básicas como son la abstracción, la intuición, la imaginación, la observación, el análisis, la creatividad, el juicio crítico, la inferencia y el razonamiento, potenciando el aprendizaje de conceptos basados en dicha abstracción, así como su memorización comprensiva; de este modo el aprendizaje del área de comunicación dejará de ser aburrida y tortuosa, ya que las lectura de textos narrativos brindan a los estudiantes interés para aprender.
Además de desarrollar en el estudiante el gusto y el hábito por la lectura con la intención de otorgarle el sentido de las diversas experiencias de aprendizaje relacionando las lecturas con los conocimientos y su vida diaria, para despertar el placer por la lectura, y motivarlos en todo momento para que adquieran conocimientos válidos, duraderos y significativos en las áreas mencionadas, y así posibilitar en ellos la explicación y actuación en el mundo donde viven.
El texto narrativo es el recurso que mas utilizamos a diario, el simple hecho de tomar mi teléfono y enviar un mensaje de texto relatando un suceso ocurrido a mi alrededor hago uso directo del texto narrativo.
Fomentar el uso de los textos narrativos en nuestro estudiantes no será una tarea difícil para el maestro, ya que el alumno nace y se desarrolla dentro de los textos narrativos, solo se debe promover la buena lectura y comprensión de ellos en el aula, y darnos cuenta que los textos narrativo y la educación van de la mano en toda la vida estudiantil de un individuo.
4-Reseña de la Serpiente de Oro.
Serpiente de Oro obra de la novela escrita por el peruano Ciro Alegria.
La novela es un relato sobre la vida cotidiana de los cholos balseros del caserío de Calemar, a orillas del río marañón, en la ceja de selva del norte del Perú. También se relata de forma paralela la aventura de un ingeniero limeño, Osvaldo Martínez de Calderón, quién se interna en la región selvática para crear una empresa explotadora de los recursos naturales, a la que planea bautizar con el nombre de “La serpiente de oro”, nombre que aludía a la forma serpiente del río y a sus riquezas auríferas.
Los calemarinos reverencian al río que es su fuente de trabajo y de alimento, pero a la vez le temen pues es la fuerza que eventualmente les puede arrebatar sus bienes y hasta la propia vida. Mientras tanto, el ingeniero, altanero y vanidoso, que ve con desdén a los cholos y cree que solo con su sapiencia citadina puede vencer a la naturaleza, muere tras ser picado por una serpiente amarilla, sin poder cristalizar su ambicioso proyecto. El relato, a través de diversas voces, continúa contándonos sobre la vida de los cholos balseros, los cuales trasmiten su oficio de generación en generación.
La narración es un tipo de texto en el que se cuentan hechos reales o imaginarios. Al abordar el análisis de los textos narrativos es necesario estudiar la historia y las acciones que la componen (argumento), los personajes que las llevan a cabo, el tiempo y el espacio donde se desarrollan, cómo se ordenan todos estos elementos (estructura) y desde qué punto de vista se cuentan.
La Historia
La mayor parte de los
relatos presenta una acción principal y varias secundarias. Estas acciones se
combinan entre sí, alternando su aparición y entrecruzando sus desarrollos para
conformar el ritmo de la narración.
Un relato presenta
distinto ritmo narrativo según el procedimiento de encadenamiento de secuencias
que se emplee:
Condensación: Los
acontecimientos se cuentan de una manera condensada. Muchas veces se recurre a
la elipsis narrativa. La condensación es un recurso imprescindible en aquellas
historias cuya acción presenta una dilatada duración temporal.
Expansión: El relato se
demora e incluso se detiene para incluir elementos complementarios a la acción,
tales como descripciones. Es un procedimiento característico de la novela
psicológica, donde la acción se ralentiza para prestar atención a los rasgos de
personalidad o a las actitudes de los distintos personajes
ORDEN
DE LOS ACONTECIMIENTOS
La primera finalidad del
narrador es dar a conocer la historia de un modo comprensible para el lector.
Por ello, muchos relatos se organizan con sencillez siguiendo un orden; pero en
no pocas narraciones esa ordenación sufre modificaciones.
El autor puede acelerar o
ralentizar la acción a su conveniencia, detenerla para dejar que hablen los
personajes, anticipar o posponer hechos, ocultar datos y reservarlos para el
momento oportuno, ofrecer pistas falsas, centrar la atención en determinados
aspectos con menosprecio de otros, etc.
Del tratamiento de la
acción se deriva la tensión narrativa. Esta puede suscitar en el lector
diversos estados emocionales (expectativa, incertidumbre, intriga, serenidad…)
En una narración se
distingue la estructura externa y la estructura interna:
La primera organiza el
contenido de la historia en capítulos, partes, tratados, secuencias…; la
segunda, depende del orden de los acontecimientos.
Teniendo en cuenta el
orden de los acontecimientos de la narración, pueden darse diferentes
estructuras narrativas:
lineal o cronológica: El
orden del discurso sigue el orden de la historia.
In Medias Res (expresión
latina “en medio del asunto”): El relato empieza en medio de la narración, sin
previa aclaración de la historia. Se trata de un comienzo abrupto empleado para
captar la atención del lector.
Ruptura Temporal:
Flash-back (retrospección
o analepsis): El narrador traslada la acción al pasado.
Flashforward
(anticipación o prolepsis): El narrador anticipa acciones, se adelanta en el tiempo.
Contrapunto: Varias
historias se entrecruzan a lo largo de la narración.
Circular: El texto se
inicia y se acaba del mismo modo.
Un Relato.
Un relato es un conocimiento que
se transmite, por lo general en detalle, respecto a un cierto hecho. El
concepto, que tiene su origen en el vocablo latino relātus, también
permite nombrar a los cuentos y a las narraciones que no son demasiado
extensas.
De esta forma, como género literario, un relato es una forma
narrativa cuya extensión es inferior a la novela. Por eso, el
autor de un relato debe sintetizar lo más importante y enfatizar aquellas
situaciones que son esenciales para el desarrollo del mismo. Si en una novela
el escritor pueda ahondar en descripciones, en un relato se busca un mayor
impacto con menos palabras.
Mundos Literarios
La literatura es la representación de mundos, los que son ficticios y
responden a una creación por parte de un autor. Estos mundos poseen leyes o
formas de comportamientos específicos – dependiendo del grado de imaginación
del escritor -, propios de cada representación, que no precisamente deben
funcionar en otro contexto.
El concepto de imaginación va a ser directamente proporcional a lo real,
a lo veraz de la vida humana; esto es, que mientras más avanza la tecnología,
lo que años atrás era sorprendente de leer y era parte de un mundo posible pero
no aplicable a la cotidianeidad, hoy es accesible y ya no producto de la
creación literaria. Esto implica que la realidad dependerá del concepto que se
maneje de “real”. Existen diferentes manifestaciones o tipos de mundos en la
literatura, que son los siguientes:
Mundo Real.
Es el mundo tal cual como es, como lo vivimos diariamente, con todas sus
leyes y manifestaciones. Existe una cronología comprobable y espacios efectivos
donde se desarrollan los diferentes hechos que nos rodean o que nosotros mismos
experimentamos, hay una secuencia en el tiempo y en el espacio, lo que se
traduce en que el ser humano nace, crece, se desarrolla y muere. Visto de este
modo, la función del narrador es plasmar objetivamente el mundo que ve, ser un
instrumento de patentar fielmente la realidad, ya sea utilizando descripciones
o aludiendo a situaciones detalladas, representadas por personajes en su obra.
Este mundo representado debe corresponder fidedignamente al mundo que conocemos
como “real”. Ejemplos de este tipo de literatura es la naturalista y la costumbrista.
Mundo Onírico o Fantástico.
Este tipo de mundo presenta un quiebre con lo que conocemos como
realidad y causa sorpresa al lector, ya que se hace referencia a situaciones
impensadas. Este tipo abarca el mundo de los sueños, que requiere de lo real
para manifestarse, pero que a fin de cuentas es sólo fantasía, que se evidencia
a modo de irrupción dentro de la narración, causando estupefacción o suspenso
dentro de la trama, ya que hay una ruptura de la lógica, del tiempo y del
espacio. La literatura de terror, gótica y de misterio responden al tipo
fantástico.
Mundo Utópico.
Son las obras literarias que hacen referencia a un lugar inexistente,
perfecto, un sitio imaginario pero que puede ser posible. Se plantea un mundo
mucho mejor al que conocemos como “real”.
Mundo Mítico o Maravilloso.
No es un quiebre de la realidad, sino que es un mundo diferente,
aislado, que posee leyes propias, válidas y específicas sólo para este tipo.
Dentro de lo maravilloso se hallan los cuentos de hadas, las leyendas
provenientes de la tradición oral de un pueblo y la fantasía de héroes, que
mezclan magia y personajes “comunes y corrientes” que poseen cualidades
sobrenaturales. En este mundo no hay sorpresa, ya que se asume como “normal”
que los personajes vuelen, hagan conjuros, se transformen en otros seres o se
haga un paralelo entre la vida y la muerte.
Mundo del Absurdo
Este tipo de literatura está fuera de los cánones de la racionalidad, ya
que la conducta de los personajes no posee una causa lógica ni hay un sentido
en sus acciones, llegando a pensar que existe locura en ellos o que no poseen
una finalidad para vivir, independiente que las situaciones causen gracia en el
lector.
Mundo de Ciencia Ficción.
Este mundo aspira a ser tomado como verosímil y abarca a lo científico,
ya que es un augurio o un anticipo a lo que la sociedad podría llegar a ser más
adelante: un mundo avanzado en tecnología o en vías de destrucción. Temas
propios de esta literatura son los descubrimientos y usos de objetos de última
generación, viajes fuera del planeta, extraterrestres; historias de robots o
personas con microchips en sus cuerpos, entre otros.
Actante
El actante es quien realiza o el que
realiza el acto, independientemente de cualquier otra determinación. El
concepto de actante tiene su uso en la semiótica literaria, en la que amplía el
término de personaje, porque no solo se aplica a estos tipos de actantes, sino
que corresponde al concepto de actor, definido como la figura o el lugar vacío
en que las formas sintácticas o las formas semánticas se vierten.
Lista de actantes en el nivel de movitemas
Oponente
El oponente, se refiere al rol de auxiliador negativo,
correspondiéndole, desde el punto de vista del sujeto, hacer a un
no-poder-hacer individualizado, porque en forma de actor obstaculiza la
realización del programa narrativo del sujeto (Greimas, "Oponente").
Sujeto
Tiene experiencias relacionadas con otra entidad o con un objeto.
Objeto
El objeto se
refiere a la posición actancial susceptible de recibir vertimientos, mediante
la proyección del sujeto, de sus determinaciones o de los valores con los que
el sujeto está en función.
Destinador
El destinador es qué o quién motiva al sujeto a cumplir su objetivo. Es
semejante al "dador" que propone Mieke Bal. Es una fuerza que
mueve al sujeto a ejercer una función.
Destinatario
Es quién o qué recibe las metas o acciones del sujeto.
Claro que estas nociones, así expresadas, no se entienden bien si no se
conoce a fondo tanto la obra de Greimas como las bases conceptuales en que se
apoya.
El narrador heterodiegético es el narrador que cuenta
la historia, la diégesis, en tercera persona. No participa
como personaje.
El narrador homodiegético es el
narrador que cuenta la historia en primera persona.
Cuando este narrador cuenta su propia historia se denomina narrador
autodiegético.
TIPOS DE FOCALIZACIÓN
FOCALIZACIÓN CERO O relato no
focalizado. Corresponde, según Genette, al narrador extra y
heterodiegético. Se refiere, específicamente, al narrador que posee un saber
ilimitado, homologado al saber divino, para el cual no existen las
restricciones que supone una determinada focalización. El narrador, en
este caso, no focaliza, no percibe, sino que sabe lo que los
personajes experimentan. [En nuestros ejemplos corresponde al fragmento (a)].
FOCALIZACIÓN EXTERNA. Presenta al
héroe en acción, sin que el lector pueda conocer sus sentimientos o
pensamientos, en este caso el narrador dice menos de lo que sabe el personaje.
[En nuestros ejemplos corresponde a los fragmentos (b) y (c)]
FOCALIZACIÓN INTERNA. Implica restricción, parcialidad y limitación. En
ésta, Genette distingue dos instancias iniciales: cuando el foco coincide con
un personaje, caso en el que no es a él a quien interesa contemplar sino ver el
mundo a través de los ojos de su conciencia, (propio de un narrador testigo).
Por otra parte, distingue el relato autobiográfico en el que la focalización
recae sobre el propio personaje. En este caso, la información puede estar
proporcionada por el yo-personaje, en el momento de la historia, lo que supone
un relato focalizado, o bien por un yo-narrador, sujeto de la enunciación, que
ofrece extradiegéticamente información -retrospectiva respecto del momento de
la historia- y cuyo conocimiento se justifica sólo por su identidad con el
protagonista.
Análisis de la Microestructura.
La estructura tiene por
función presentar el drama, mantener la historia y aumentar el interés del
espectador. Por eso la curva es siempre ascendente. Hay dos tipos de
estructuras:
1.Macroestructura:
estructura general del discurso, en ella aparece la escala de tiempo para cada
escena y van sucediendo los acontecimientos más importantes.
2.Microestructura:
estructura de cada escena aislada
La macroestructura
contempla la integridad del discurso, éste será distribuido en escenas con su
propia microestructura. Ambas tienen la misma importancia para el guionista.
Se puede apreciar cómo
las microestructuras se enlazan para construir una macroestructura. A pesar de
que la acción sea continua, podemos identificar los distintos momentos por lo
que atraviesa el personaje principal.
En el caso de un guion,
cada escena debe ser pensada como una microestructura que sirve para darle
unidad, sentido y coherencia a la integridad de la historia y del discurso.
Cada escena debe proveer información nueva al espectador y generar o
desarrollar el conflicto al que se enfrenta el personaje en cuestión.
Conclusión:
En un texto o discurso, se denomina conclusión a la parte o sección final de un trabajo, en la cual se hace un breve resumen de los puntos principales abordados en el trabajo, se exponen los resultados y se destacan los hallazgos más importantes.
Interpretación:
La interpretación, es el proceso que consiste en comprender un determinado hecho y su posterior declamación.
La interpretación puede hacerse de textos, de palabras, de ideas, de acontecimientos de la realidad, y puede expresarse a través del lenguaje oral o escrito, por medio de representaciones teatrales, de la música o de la danza.
Cuando realizamos una interpretación podemos muchas veces equivocarnos, sobre todo si no existe la posibilidad de dialogar con el emisor del mensaje para conocer su real intención. Las palabras poseen la característica de ser ambiguas y vagas, por lo tanto pueden ser susceptibles de ser entendidas de diversos modos.
Valoración
crítica de un texto
Es
la tarea más creativa del ejercicio, la que no permitirá expresar nuestra
opinión sobre el texto y la tesis e ideas que en él aparecen.
La
valoración crítica permite medir la madurez intelectual del alumno, su
información y actualización, su capacidad para expresar ideas propias motivadas
por el texto. Cada valoración que haga una persona es original en sí misma,
pues expresa la experiencia, las creencias y los juicios de cada uno.
¡Es
la parte en la que podemos sacar más partido de nosotros mismos!
Lo primero que debemos hacer es decidir si
hablaremos:
de la forma del texto (hablar del texto)
del contenido (hablar sobre el texto).
de
la forma y el contenido (hablar del y sobre el texto)

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